"En donde no esté el Buda pasa rápidamente y sigue sin detenerte;
pero en donde él se encuentre, pasa aún más rápido..."

Arts. Meditación

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sábado, 10 de marzo de 2012

Abril 2012 Templo Shobogenji - Córdoba, Argentina - Sangha Kosen (Samú y Sesshin)


¿Cuántas personas existen hoy en el mundo que dediquen toda su energía a alcanzar su máxima potencialidad? ¿Cuántas ocupan su tiempo completo y dedican enteramente su vida a desarrollar la verdadera función del ser humano en toda su plenitud? ¿Cuántas sienten la determinación de esa responsabilidad primigenia? ¿Cuántas hacen que su trabajo cotidiano esté orientado a realizar la propia divinidad? Seguramente muy pocas. Ese es el principal motivo por el cual el monje Kosen se ha vuelto naturalmente un maestro del tercer milenio, independientemente de ser el principal discípulo y heredero del Dharma del Gran Maestro zen Taisen Deshimaru y de haber recibido, en 1984, la transmisión del shiho de la máxima autoridad japonesa del Soto Zen, Niwa Zenji. 

El lector encontrará en este libro la expresión sencilla y directa de la enseñanza de un maestro zen, con un humor, una frescura y una originalidad que actualizan ese hilo sagrado de despiertos desde Buda Shakyamuni hasta nuestros días. La enseñanza de un monje con el don de hacer que el tiempo siempre esté a su lado; un monje que, luego de más de cuarenta años de práctica de zazen, ha llegado a comprender con su cuerpo-espíritu que es posible dar el salto a lo eterno, a la conciencia iluminada, a la experiencia del no-nacido, al estado de Buda, a la verdadera dimensión del ser humano, la divinidad, que parece sólo decirnos: nunca hubo dos.

Fragmento de presentación del libro "Los Monjes Modernos" - Maestro Kosen

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"Existen estas cinco realidades en las que uno debería reflexionar a menudo,
ya sea mujer u hombre, laico o monje. Y, ¿cuáles son estas cinco?
El Buda


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Nibbana



“Así pues, la meta para el buddhista no es la felicidad, porque nos damos cuenta de que la felicidad es insatisfactoria. La meta queda lejos del mundo de los sentidos. No consiste en rechazar el mundo de los sentidos, sino en conocerlo tan bien que ya no lo persigamos como un fin en sí mismo.

Ya no esperamos que el mundo de los sentidos nos satisfaga. Ya no exigimos que la conciencia sensorial sea otra cosa que una condición existente que podemos utilizar hábilmente según el momento y el lugar. Ya no nos apegamos a ella, ni exigimos que el impacto sensorial sea siempre agradable, ni nos desesperamos y apenamos cuando es desagradable.

Nibbana no es un estado en blanco, un trance en el que te borras completamente. No es la nada ni la aniquilación: es como un espacio. Es como ir al lugar de tu mente en el que no te apegas, en el que ya no te confunde la apariencia de las cosas. Ya no exiges nada del mundo de los sentidos. Simplemente lo reconoces mientras surge y se desvanece”.