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viernes, 5 de junio de 2009

El adiós de Kwai Chang Caine (David Carradine)






Viernes, 5 de Junio de 2009

A LOS 72 AÑOS, MURIO EL ACTOR DAVID CARRADINE

El adiós de Kwai Chang Caine
Fue su personaje más célebre, pero estuvo muy lejos de ser lo único que hizo: Carradine no sólo fue una figura de la contracultura, sino que también actuó a las órdenes de Ingmar Bergman. Y, claro, fue el Bill de Tarantino.

Las filmografías atestiguan que hizo más de cien películas e incontables programas de televisión, pero el público lo identificará para siempre como Kwai Chang Caine, el impasible monje budista de la serie Kung Fu, que en los años ‘70 –cuando el hippismo fue definitivamente asimilado por la sociedad del espectáculo– supo instalar en el imaginario colectivo la idea de que artes marciales y paz espiritual podían ir de la mano. La muerte encontró el miércoles a David Carradine en la habitación de un hotel en Bangkok, donde el actor estaba filmando una película para el productor Chuck Binder, quien descubrió su cuerpo sin vida. Según el diario tailandés The Nation, que cita fuentes policiales, Carradine se habría suicidado. Tenía 72 años, cinco matrimonios, cuatro divorcios y toda una leyenda asociada a su linaje familiar y a su perfil como figura de la contracultura de la escena estadounidense.

Hijo de John Carradine, uno de los grandes actores de reparto del Hollywood de la era de oro, David –nacido el 8 de diciembre de 1936– heredó de su padre no sólo un rostro que parecía tallado a cuchillo sino además una vocación por el cine que también pegó en sus hermanos menores, Keith y Robert Carradine, y que él a su vez transmitió a sus hijas Calista y Kansas, también actrices. Nacido en Hollywood, David estudió en la Universidad de San Francisco, primero teoría y composición musical para inclinarse luego por la carrera de Arte Dramático y hacer sus primeras armas en una compañía estudiantil shakespeariana. En 1965, ya en Nueva York, la repercusión que tuvo en Broadway su protagónico en The Royal Hunt of the Sun, donde interpretaba a un joven rey inca, lo devolvió a Hollywood, donde enseguida encontró lugar en incontables series de televisión, desde La ley del revolver hasta Ironside pasando por Galería nocturna.

El protagónico de Kung Fu –que le valió un premio Emmy al mejor actor por la primera de sus tres temporadas– coincidió a su vez con una de sus películas fundamentales, Pasajeros profesionales (Boxcar Bertha, 1972), uno de los mejores y menos conocidos films de Martin Scorsese. Allí, con producción de Roger Corman y junto a Barbara Hershey, daba vida a un indómito líder sindical enfrentado a la violenta corporación del ferrocarril durante la Gran Depresión, un luchador que terminaba –en una metáfora católica típica del cine de Scorsese– crucificado en un vagón de carga.

También con producción de Corman filmó a las órdenes del director Paul Bartel la fantasía futurista Death Race 2000 (1975) y la road movie Cannonball, carrera contra la muerte (1976). Pero Carradine daría un nuevo salto en su carrera cuando se puso en la piel del mítico trovador Woody Guthrie en Bound for Glory (1976), de Hal Ashby, donde reforzó su identificación entre persona y personaje, un rebelde dando vida a otro legendario rebelde.

Inmediatamente después, Carradine fue convocado por el gran director sueco Ingmar Bergman para El huevo de la serpiente (1978), donde interpretó a un acróbata de circo estadounidense perdido en la República de Weimar de 1923, acosada por la inflación y los primeros signos de un nazismo incipiente. Que Bergman pusiera a su musa Liv Ullmann como coprotagonista da testimonio de la confianza que tenía en Carradine, quizás no tanto por su virtuosismo dramático como por su fuerte personalidad y potente presencia en cámara.

Ese temperamento volvería a ser clave en Cabalgata infernal (1980), notable western dirigido por Walter Hill en el cual Carradine interpretó a Cole, el mayor de los hermanos Younger, integrantes de la famosa pandilla de Frank y Jesse James. En un hallazgo de casting, todos los actores también eran hermanos, con lo cual David pudo reunirse con Keith y Robert, a la par de James y Stacey Keach, todos vistiendo unos ominosos capotes grises que volaban sobre sus monturas mientras se enfrentaban a los tiros con los representantes de la ley y el orden.

En 1983, Carradine produjo y protagonizó su única película como director, Americana, sobre un veterano de la guerra de Vietnam que no encuentra su lugar en la sociedad. Todo lo que hizo después fue mucho y escasamente relevante hasta que Quentin Tarantino lo rescató de ese limbo y le dio un lugar de privilegio en las dos partes de Kill Bill (2003-2004). Es verdad que allí no salía demasiado (casi nada en la primera), pero era el peso de su sombra lo que importaba. El Bill de quien La Novia (Uma Thurman) se quiere vengar hasta matar, el primer motor de su odio, es nada menos que David Carradine, el mismo que el miércoles apareció colgado de una soga en la suite de su hotel en Bangkok.

Fuente: Página12.com.ar





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“Así pues, la meta para el buddhista no es la felicidad, porque nos damos cuenta de que la felicidad es insatisfactoria. La meta queda lejos del mundo de los sentidos. No consiste en rechazar el mundo de los sentidos, sino en conocerlo tan bien que ya no lo persigamos como un fin en sí mismo.

Ya no esperamos que el mundo de los sentidos nos satisfaga. Ya no exigimos que la conciencia sensorial sea otra cosa que una condición existente que podemos utilizar hábilmente según el momento y el lugar. Ya no nos apegamos a ella, ni exigimos que el impacto sensorial sea siempre agradable, ni nos desesperamos y apenamos cuando es desagradable.

Nibbana no es un estado en blanco, un trance en el que te borras completamente. No es la nada ni la aniquilación: es como un espacio. Es como ir al lugar de tu mente en el que no te apegas, en el que ya no te confunde la apariencia de las cosas. Ya no exiges nada del mundo de los sentidos. Simplemente lo reconoces mientras surge y se desvanece”.