"En donde no esté el Buda pasa rápidamente y sigue sin detenerte;
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Arts. Meditación

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domingo, 16 de octubre de 2011

La Doctrina del Vacío (fragmento)



Para leer completo)

Por Anton Baron

Dentro de la vasta literatura producida por la escuela Mahayana existe un grupo de escritos dedicado a la explicación del concepto de la “Perfecta Sabiduría o Perfecta Visión” conocido también como la doctrina del vacío. Este género de escritos lleva en sánscrito un nombre común de Prajna-paramita , lo cual podría traducirse como “sabiduría para cruzar a la otra orilla”. Uno de los sutras más conocidos dentro de este género es el Sutra del Corazón , según el cual, la visión correcta de la realidad consiste en concebirla como esencialmente vacía de contenido: la naturaleza de la realidad es más bien la naturaleza de nuestras concepciones que tenemos sobre ella. Sin embargo, no necesariamente esta doctrina debe ser interpretada en el sentido nihilista , porque la realidad “vacía del contenido”, no siempre quiere decir la “nada”. Por el contrario, el Mahayana posee una palabra para describir esta realidad verdadera y es la palabra tathata, que significa “ser así” o “ser eso” sin mayores complicaciones conceptuales. Esta palabra en sánscrito originó la voz inglesa “that” (eso), probablemente porque los primeros esfuerzos lingüísticos del niño consisten simplemente en señalar “esto” sin poder nombrarlo. De la misma manera, cuando decimos o pensamos “esto” nos referimos a la realidad no verbal, percibida en forma directa e intuitiva. Tathata indica el mundo tal como es: único, no dual, no separado por las etiquetas conceptuales, divisiones y definiciones. No olvidemos que, en ambas tradiciones –tanto dentro del budismo Theravada como Mahayana - uno de los nombres del Buda es precisamente Tathagata: “Uno que es (simplemente) así”.

El mundo real, no tiene entonces clases o símbolos ni dualidades: éstas solamente surgen como consecuencia de nuestra actividad mental de clasificar las cosas y los objetos. Sólo cuando clasificamos, notamos las diferencias y si dichas clasificaciones son productos de la mente, entonces aquel mundo, considerado como el conjunto de diferentes clases de objetos, en realidad es también el producto de la mente. Esta concepción, es conocida, en la tradición Mahayana , como la doctrina de la “Mente Sola” y está expuesta en diferentes escrituras, de las cuales la más conocida es la Lankavatara Sutra . En ella leemos que la mente: está más allá de todas las concepciones filosóficas, está aparte de toda discriminación, no puede ser alcanzada ni ha nacido jamás, por todo eso digo que no hay otra cosa que Mente. No es ni algo existente ni algo inexistente; en realidad está más allá de la existencia como de la inexistencia... De la Mente surgen innumerables cosas, condicionadas por la discriminación (o sea, clasificación) y a estas cosas la gente las acepta como mundo externo .

De acuerdo a la tradición Mahayana , de lo que se trata entonces en el camino budista, especialmente a través de la meditación, es invertir este proceso mental, aquietar la mente en su actividad discriminatorio-clasificatoria, para que pueda percibir el mundo tal como es: no dividido, sino único. Esta perfecta visión -prajna - despertará nuestra compasión por todos los seres vivos -karuna - y, de esta manera, podremos emprender el perfecto camino del Bodhisattva .

Fuente: Bosque Theravada

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"Existen estas cinco realidades en las que uno debería reflexionar a menudo,
ya sea mujer u hombre, laico o monje. Y, ¿cuáles son estas cinco?
El Buda


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Nibbana



“Así pues, la meta para el buddhista no es la felicidad, porque nos damos cuenta de que la felicidad es insatisfactoria. La meta queda lejos del mundo de los sentidos. No consiste en rechazar el mundo de los sentidos, sino en conocerlo tan bien que ya no lo persigamos como un fin en sí mismo.

Ya no esperamos que el mundo de los sentidos nos satisfaga. Ya no exigimos que la conciencia sensorial sea otra cosa que una condición existente que podemos utilizar hábilmente según el momento y el lugar. Ya no nos apegamos a ella, ni exigimos que el impacto sensorial sea siempre agradable, ni nos desesperamos y apenamos cuando es desagradable.

Nibbana no es un estado en blanco, un trance en el que te borras completamente. No es la nada ni la aniquilación: es como un espacio. Es como ir al lugar de tu mente en el que no te apegas, en el que ya no te confunde la apariencia de las cosas. Ya no exiges nada del mundo de los sentidos. Simplemente lo reconoces mientras surge y se desvanece”.