"En donde no esté el Buda pasa rápidamente y sigue sin detenerte;
pero en donde él se encuentre, pasa aún más rápido..."

Arts. Meditación

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sábado, 10 de septiembre de 2011

Deja que el juego se juegue solo

Lama Gendun Rinpoche

La felicidad no se consigue con esfuerzo y voluntad,
sino con tranquilidad y con abandono.

No te inquietes, no hay nada que hacer.

Lo que surge en la mente no tiene ninguna importancia,
ya que no tiene ninguna realidad.

No te apegues a ello.

No te juzgues.

Deja que el juego se juegue solo: elevarse y bajar.

Sin cambiar nada, todo se desvanece
y comienza de nuevo sin cesar.

La busqueda de la felicidad es lo que nos impide verlo.

Es como un arco iris que se persigue
y nunca se atrapa:
porque no existe, porque siempre ha estado ahí
y te acompaña en cada instante.

No creas en la realidad de las experiencias,
buenas o malas: son como los arco iris.

Y uno se agota en vano queriendo asir lo inasible.

Pero en cuanto sueltes la presa, allí esta el espacio:
abierto, hospitalario, confortable.

Por tanto, aprovechate…

Desde ya, todo es tuyo.

No busques más…

No quieras buscar en la jungla inextricable
el elefante que ya está tranquilamente en casa.

No hacer nada.
No forzar nada.
No querer nada.

Y todo se hace solo.

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"Existen estas cinco realidades en las que uno debería reflexionar a menudo,
ya sea mujer u hombre, laico o monje. Y, ¿cuáles son estas cinco?
El Buda


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Nibbana



“Así pues, la meta para el buddhista no es la felicidad, porque nos damos cuenta de que la felicidad es insatisfactoria. La meta queda lejos del mundo de los sentidos. No consiste en rechazar el mundo de los sentidos, sino en conocerlo tan bien que ya no lo persigamos como un fin en sí mismo.

Ya no esperamos que el mundo de los sentidos nos satisfaga. Ya no exigimos que la conciencia sensorial sea otra cosa que una condición existente que podemos utilizar hábilmente según el momento y el lugar. Ya no nos apegamos a ella, ni exigimos que el impacto sensorial sea siempre agradable, ni nos desesperamos y apenamos cuando es desagradable.

Nibbana no es un estado en blanco, un trance en el que te borras completamente. No es la nada ni la aniquilación: es como un espacio. Es como ir al lugar de tu mente en el que no te apegas, en el que ya no te confunde la apariencia de las cosas. Ya no exiges nada del mundo de los sentidos. Simplemente lo reconoces mientras surge y se desvanece”.