"En donde no esté el Buda pasa rápidamente y sigue sin detenerte;
pero en donde él se encuentre, pasa aún más rápido..."

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sábado, 6 de agosto de 2011

La ceremonia de ordenación zen: etnografía de un rito de paso en el budismo argentino


LA CEREMONIA DE ORDENACIÓN ZEN: ETNOGRAFÍA DE UN RITO DE PASO
EN EL BUDISMO ARGENTINO
Catón Eduardo Carini
Universidad Nacional de La Plata - CONICET 

Fuente: Ciencias Sociales y Religión/Ciências Sociais e Religião, Porto Alegre, ano 11, n. 11, p. 157-180, setembro de 2009.

Resumen: El presente artículo efectúa una exploración etnográfica de los ritos de paso del budismo zen argentino, en particular las ordenaciones monásticas. Indaga el significado de la vestimenta sagrada (kesa) y el rol que juega tanto en la construcción social del sentido de la ordenación como en la apropiación individual de ciertos objetos rituales como símbolos de cambio subjetivo. Luego, describe la ceremonia en sí misma, sus distintas secuencias y las representaciones asociadas. Y, por último, propone una interpretación de estas prácticas en torno del valor que éstas adquieren como mecanismo de objetivación simbólica de un nuevo habitus religioso y como una forma de incorporar al practicante a un linaje sagrado que se remonta al mismo fundador del budismo.

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"Existen estas cinco realidades en las que uno debería reflexionar a menudo,
ya sea mujer u hombre, laico o monje. Y, ¿cuáles son estas cinco?
El Buda


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Nibbana



“Así pues, la meta para el buddhista no es la felicidad, porque nos damos cuenta de que la felicidad es insatisfactoria. La meta queda lejos del mundo de los sentidos. No consiste en rechazar el mundo de los sentidos, sino en conocerlo tan bien que ya no lo persigamos como un fin en sí mismo.

Ya no esperamos que el mundo de los sentidos nos satisfaga. Ya no exigimos que la conciencia sensorial sea otra cosa que una condición existente que podemos utilizar hábilmente según el momento y el lugar. Ya no nos apegamos a ella, ni exigimos que el impacto sensorial sea siempre agradable, ni nos desesperamos y apenamos cuando es desagradable.

Nibbana no es un estado en blanco, un trance en el que te borras completamente. No es la nada ni la aniquilación: es como un espacio. Es como ir al lugar de tu mente en el que no te apegas, en el que ya no te confunde la apariencia de las cosas. Ya no exiges nada del mundo de los sentidos. Simplemente lo reconoces mientras surge y se desvanece”.