"En donde no esté el Buda pasa rápidamente y sigue sin detenerte;
pero en donde él se encuentre, pasa aún más rápido..."

Arts. Meditación

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viernes, 10 de diciembre de 2010

Nikos Kazantzakis (Zorba el Griego)



Un 18 de Febrero de 1883 nacía en Candía, isla de Creta (Grecia) Nikos Katzantzakis. Siendo un niño fue testigo involuntario de la guerra librada por sus compatriotas cretenses contra la opresión turca.

Este acontecimiento, así como sus protagonistas quedan tan gravados en su memoria que aparecen en sus novelas como fiel recuerdo de una etapa de su vida. Cual fantasmas que un día poblaron su niñez.

En su juventud estudió y se licenció en Derecho, en la Universidad de Atenas, y luego en París asistió a los cursos del gran filósofo y literato francés (Premio Nobel de Literatura 1927) Henry Bergson.

Bergson ejerció una influencia tan poderosa sobre la vida y obra de Katzantzakis que se podría equiparar a la ejercida por Fréderic Nietzsche. Su incesante búsqueda por hallar la verdad y el Bien para la humanidad fue realizada con tal fuerza y pasión, que lo llevó a realizar incesantes viajes.

Pasó una temporada de retiro en el Monte Athos, donde fue monje en uno de los veinte monasterios que allí se encuentran, gobernados por sus monjes desde el siglo X de la era común.

Katzantzakis fue ministro de su país, apasionado defensor y seguidor de Nieztsche, Buda, Lenin, Cristo. Viajó varias veces a Rusia impulsado por la admiración y el entusiasmo de lo que creía que sería el nuevo camino de la futura justicia para los hombres. Fue odiado y admirado con la misma intensidad por conservadores y revolucionarios.

Grecia utilizó todas las influencias posibles para conseguir que la Academia Sueca no le entregara el Premio Nobel de Literatura, hecho inconcebible para quienes aman la buena literatura, más allá de las ideologías políticas y mezquindades humanas.

En pocas palabras, Nikos Katzantzakis fue un revolucionario, un inconformista, algo que no fue poco para su tiempo, luchó incansablemente para descubrir su verdad, y en el ámbito literario, fue el mejor novelista griego de los últimos siglos.

Sus obras son fiel testimonio de uno de los mejores aportes de Grecia a la cultura contemporánea.

Katzantzakis pasó sus últimos años de vida en su residencia de la ciudad francesa de Antibes, a orillas del mar Mediterráneo, donde se dedicó sólo a escribir. Falleció en 1957 en Friburgo de Brisgonia, ciudad alemana, al pie de la Selva Negra.

Entre sus obras se destacan: `Alexis Zorba, el griego`, `Ascesis`, `Salvatores Dei`, `Carta a El Greco`, `Cristo de Nuevo crucificado`, `El pobre de Asís`, `Libertad o Muerte` , `Lirio y Serpiente`, `Simposio`, `Alejandro el Grande`, `Buda` , `España, dos rostros`, `El jardín de las rocas`.

En sus poemas (`Lirio y Serpiente` - 1906), en sus ensayos filosóficos y en sus dramas y novelas (`Alexis Zorba, el griego` - 1946, `Cristo de Nuevo crucificado` - 1954) empleó temas antiguos y populares para transmitir una sabiduría moderna y universal.

Links para bajar algunos de sus libros, sugerimos:

"Zorba el Griego" y también "Del Sinaí a la Isla de Venus"


Giorgis Zorba
(el auténtico Zorba el griego)

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"Existen estas cinco realidades en las que uno debería reflexionar a menudo,
ya sea mujer u hombre, laico o monje. Y, ¿cuáles son estas cinco?
El Buda


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Nibbana



“Así pues, la meta para el buddhista no es la felicidad, porque nos damos cuenta de que la felicidad es insatisfactoria. La meta queda lejos del mundo de los sentidos. No consiste en rechazar el mundo de los sentidos, sino en conocerlo tan bien que ya no lo persigamos como un fin en sí mismo.

Ya no esperamos que el mundo de los sentidos nos satisfaga. Ya no exigimos que la conciencia sensorial sea otra cosa que una condición existente que podemos utilizar hábilmente según el momento y el lugar. Ya no nos apegamos a ella, ni exigimos que el impacto sensorial sea siempre agradable, ni nos desesperamos y apenamos cuando es desagradable.

Nibbana no es un estado en blanco, un trance en el que te borras completamente. No es la nada ni la aniquilación: es como un espacio. Es como ir al lugar de tu mente en el que no te apegas, en el que ya no te confunde la apariencia de las cosas. Ya no exiges nada del mundo de los sentidos. Simplemente lo reconoces mientras surge y se desvanece”.